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sábado, 4 de noviembre de 2023

miércoles, 14 de marzo de 2018

La ridícula subida de las pensiones

¿Por qué se ha subido sólo el 0,25 %?
La subida del 0,25 % de la pensión es fruto de la reforma que el gobierno hizo en el modo de calcular las subidas anuales de las mismas. Anteriormente, este aumento dependía del alza de precios prevista para el año siguiente. Luego, una vez conocida la inflación real que se había producido, se ajustaba una paga en el mes de noviembre, para que no hubiera pérdida de poder adquisitivo en las pensiones.
Con la última reforma, se estableció una complicada fórmula, que fija un máximo y un mínimo anuales. Como mínimo, las pensiones se revalorizan nominalmente un 0,25 %, independientemente de la inflación, y cómo máximo, un 0,5 % por encima de lo que haya subido el IPC.
¿De qué factores depende la subida?
  • De los ingresos que tenga el sistema de la Seguridad Social: fundamentalmente, las cotizaciones de trabajadores, trabajadoras y empresas. A más ingresos, mayor subida de las pensiones. Con menos ingresos, la subida de las pensiones es menor.
  • Del número de pensiones que se paguen: a mayor número de pensionistas, menor subida de las pensiones.
  • De la cuantía de las nuevas pensiones: si las pensiones nuevas, que se empiezan a pagar a las personas que se jubilan, son más altas que las que se dejan de pagar por fallecimientos, la revalorización será menor.
  • Del déficit de la Seguridad Social: si la Seguridad Social tiene más gastos que ingresos, la subida anual sea menor.
  • Del factor de sostenibilidad: esto quiere decir que, si la esperanza de vida de la población aumenta, la pensión inicial con la que se comienzan a hacer los cálculos se verá reducida.

Las claves del asunto
  • Todo parte de suponer que las pensiones tienen que depender del equilibrio de una supuesta caja, que tendría la Seguridad Social, separada de la caja común de las cuentas del Estado. En otras partidas de gastos estatales no se aplica el mismo criterio. No se calculan los ingresos con los que cuentan, los gastos que originan ni se toman decisiones en función del saldo de esa cuenta.
  • Si la caja de la Seguridad Social tiene déficit, no es obligatorio actuar sobre los gastos, que es donde han incidido las sucesivas reformas que hemos sufrido, desde la década de los 80 del siglo pasado. Se podría actuar también sobre los ingresos de esa caja. Si el Estado dispone de recursos para grandes operaciones de rescate, como la de la banca o las autopistas, para eliminar los impuestos de patrimonio o sucesiones, para pagar subvenciones agrícolas a terratenientes, para abonar los intereses de la deuda pública, que ha aumentado en los años de la crisis financiera, o para permitir las tributación nula en paraísos fiscales, tolerados por los Estados, ¿por qué no habría de tener recursos para sanear definitiva y permanentemente las cuentas de la Seguridad Social?
  • Las pensiones se dotan, o no, de recursos dependiendo de la voluntad política de quienes toman las decisiones. El criterio de mantener un sistema público de pensiones saneado no depende de cálculos técnicos y aritméticos sino de la voluntad política, del orden de prioridad que se le quiera dar a ese derecho.
  • Exactamente lo mismo ocurre con el resto de derechos sociales: la sanidad pública universal, la educación pública de calidad o la asistencia en las situaciones de dependencia, por poner solo tres ejemplos. Si esos derechos se anteponen a otros gastos, habrá recursos. Si, por el contrario, se dejan para el final en el orden de prioridad de los gastos del Estado, habrá recortes y disminución de esos servicios públicos.
  • Y a cada recorte de un servicio universal le corresponde el florecimiento de un negocio privado. Frente al recorte de la pensión, está el refuerzo de los Fondos de Pensiones de las entidades financieras. Frente al recorte en la sanidad, está el alza en el negocio de la medicina privada. Frente al recorte en la ley de dependencia, está la privatización de los servicios de atención a las personas dependientes, con la correspondiente pérdida de calidad del servicio y la exclusión del mismo de miles y miles de personas.
  • Teniendo en cuenta las altas tasas de paro existentes y la precariedad en el empleo, los salarios y las cotizaciones sociales disminuyen necesariamente. A eso se le añade la tardía incorporación al mundo laboral de millones de personas. La conclusión es sencilla: el actual sistema de la Seguridad Social va a excluir en el futuro a muchísimas personas del cobro de una pensión digna.
  • Por tanto, lo que se persigue es pagar menos, crear miedo a la clase social que puede permitirse alguna tasa de ahorro, para que se haga un plan de pensiones, e ir convirtiendo paulatinamente el sistema público, colectivo, y solidario de la Seguridad Social en un sistema residual, mientras se instaura progresivamente otro privado, individual e insolidario.
  • De este modo, una importante parte del ahorro colectivo, que podría estar administrado a través de la Seguridad Social con criterios cada vez más redistributivos y solidarios, va a quedar en manos de las entidades financieras, a través de la administración de los planes privados de pensiones.
  • Todo depende de quién influye en la elaboración de las leyes y en la creación de opinión. Si lo siguen haciendo las entidades financieras, las pensiones se empobrecerán cada vez más. Si influyen las empresas de medicina privada, la sanidad pública seguirá deteriorándose. Y así con todos los derechos sociales.

O la sociedad, desde abajo, le pone las cartas boca arriba a todos los poderosos, que viven en otro mundo, o estos seguirán haciendo de su capa un sayo.

lunes, 9 de septiembre de 2013

26S, Jornada de lucha en defensa de las pensiones

La CNT rechaza cualquier reforma o recorte del actual sistema de pensiones por parte del Gobierno y la Patronal. A la vez, nos oponemos a que CCOO y UGT se otorguen la representación de todos los trabajadores para sentarse en un despacho a negociar cómo seguir destruyendo el futuro y la cuantía de nuestras jubilaciones.

Tampoco reconocemos como válido el Pacto de Toledo (formado por partidos, empresarios y sindicatos oficiales) para que decida sobre nuestras jubilaciones, ya que este organismo ha demostrado en diferentes ocasiones que tan solo es un instrumento para desmontar y robar los pocos derechos que nos quedan a la clase trabajadora.

La CNT saldrá a las calles el jueves 26 de septiembre, denunciando y oponiéndose a la reforma y recorte de las pensiones. Os invitamos a todas y todos a sumaros, y a luchar colectivamente contra esta nueva agresión del sistema contra nuestros derechos y condiciones de vida.

26S, jornada de lucha en defensa de las pensiones ¡Acude!
¡Que se alce la protesta y se extienda la revuelta!

Secretariado Permanente del Comité Confederal de CNT-AIT

CNT Andalucía ocupa las dependencias de la Seguridad Social exigiendo pensiones dignas para tod@s

Hoy lunes, 9 de septiembre, alrededor de 100 militantes de la CNT- Andalucía acaban de ocupar las instalaciones de la Seguridad Social en C/María Auxiliadora, 4 en Sevilla en protesta por los recortes en el sistema público de pensiones propuesto por el Gobierno del PP, ha instancias de la Troika y de las instituciones finacieras internacionales y en favor de pensiones públicas dignas para tod@s y tod@s.
Cerca de 100 cenetistas, de distintos puntos de Andalucía, han ocupado las dependencias de la Seguridad Social en C/Maria Auxiliadora, 4 de Sevilla  , reclamando la retirada del recorte de pensiones propuesto por el Gobierno y pensiones dignas para la clase trabajadora.
Con esta ocupación la CNT pone en marcha una campaña para exigir pensiones dignas para todos y todas, con medidas para el reparto del trabajo y la riqueza, llamando a movilizarse contra los nuevos recortes de derechos previstos por el gobierno.
CNT rechaza las propuestas del “grupo de expertos” que el gobierno ha planteado en la mesa de negociación a los sindicatos institucionales y a la Patronal, y que, en la misma línea que las anteriores reformas, no hace sino recortar derechos y prestaciones a los trabajadores y trabajadoras  en su jubilación. CNT rechazó en 2011, el acuerdo que sobre pensiones alcanzó el gobierno del PSOE con la patronal y CCOO y UGT, y que asumía los principales argumentos del dicurso neoliberal sobre las pensiones públicas Acuerdo del que se deriva la nueva reforma como una nueva vuelta de tuerca destinada fundamentalmente a recortar el gasto público en pensiones , recortando el poder adquisitivo de los y las pensionistas.
Para CNT las pensiones se han de financiar con las contribuciones de la sociedad, bajo el principio “de cada cual según sus posibilidades, a cada cual según sus necesidades”, asegurando pensiones dignas para todoy todas. Para ello, las contribuciones empresariales y financieras a las pensiones deben aumentar (sus beneficios no han dejado de aumentar mientras nuestros salarios están en caída libre). Está claro que las pensiones no son una prioridad del Estado (no así como el pago de la deuda, introducido en la Constitución en cuanto lo exigió la clase empresarial).
Para CNT, las pensiones, junto a la sanidad y la educación públicas y el apoyo a la dependencia deben estar en el primer lugar entre los gastos de la sociedad. Los sistemas privados de pensiones no deben tener ningún apoyo público. Es necesario tomar el control social de los sistemas públicos de protección social apostando por su autogestión y democratización por parte de los propios trabajadores, usuarios y la colectividad en general, con medidas  para el reparto del tiempo de trabajo y de reducción del paro.

jueves, 5 de septiembre de 2013

La CNT ante la nueva Reforma de las Pensiones

En el contexto actual el pensamiento en colmena nos lleva a la crítica simplista de los recortes en las pensiones “públicas”, desde el punto de vista de la defensa de las mismas, frente a las privadas. El debate no está siendo bien enfocado, ya que no se trata de una dicotomía entre pensiones públicas o privadas, sino entre que el control sobre nuestra vejez lo tenga el Estado o las empresas privadas. Este marco de protestas reduccionista lo están poniendo los grupos políticos de izquierdas, defensores del papel Estatal como modo de conservar sus privilegios. Es necesaria la memoria histórica para comprender esa tercera vía que ninguno de ellos quiere ni tan siquiera mencionar, donde los propios trabajadores organizados gestionemos la salud y las necesidades colectivas sociales.
Mucha gente se está echando las manos a la cabeza por lo que supone la nueva Reforma de las Pensiones. Somos muchos los que vemos alejarse la hora de la jubilación, y somos muchos también los que ni siquiera la vemos como una posibilidad remota. También sabemos que las cuantías que recibamos van a reducirse y que se va a beneficiar al negocio privado de las pensiones. En realidad es algo que se podía intuir, ya que no es la primera, ni seguramente será la última Reforma de las Pensiones.
Las modificaciones de 1985, 1997, 2002, 2006 y 2011 han llevado una línea clara: retrasar la edad de jubilación, fomentar que la gente siga trabajando después de la misma y apoyar el negocio redondo de la Pensiones Privadas, a través de desgravaciones fiscales. Aunque en estos años se han creado pensiones de miseria, muy similares a la caridad cristiana, pero a través de la contribución obligatoria vía impuestos, en general la situación ha ido a peor. La clave del por qué éstos recortes en las condiciones sociales es la nula fuerza de la clase trabajadora, totalmente desmovilizada, para enfrentarlos.

CLAVES HISTÓRICAS PARA COMPRENDER LA SITUACIÓN ACTUAL:

El Sistema Público de Pensiones no es un invento de hace dos días. Si en Europa se implanta el sistema de Seguridad Social Bismarckiano a mediados del siglo XIX, en España no es hasta el año 1908 cuando se crea el Instituto Nacional de Previsión, que pretendía diseñar un modelo de pensión de vejez, en un régimen de afiliación libre, subvencionado por el Estado y dependiente del mismo. Desde ese momento, el modelo fue evolucionando y ampliando servicios, a costa de ampliar las aportaciones patronales y de los obreros, en un principio libremente, pero más tarde de manera obligatoria. La clase trabajadora en general desconfió de esta medida.
Ahora bien, no podemos dejar de lado el contexto en el que se daban estas supuestas mejoras a la clase trabajadora, que era precisamente un momento de alta conflictividad social, y sobre todo de gran organización obrera, que, aunque insuficientes, mantenía sistemas de solidaridad para mantener a los trabajadores en casos de vejez, accidentes u otros eventos inesperados. Los gremios, las casas de socorro, las mutuas obreras, las bolsas de trabajo y finalmente los sindicatos, daban solución en gran parte a lo que conocemos como Seguridad Social, y de ahí su nombre, "social" que no "estatal". En realidad, el Estado y la Patronal quitaron el control de la solidaridad a los obreros que perdían así la capacidad de decisión sobre su pensión, a cambio de financiar ellos mismos su propia paga de vejez: Patrón y Estado obtenían el dinero de las cuotas que ingresaban a costa del esfuerzo de los trabajadores. De hecho sistemas de pensiones estatales comenzaron sin cotización directa del trabajador ya que al fin y al cabo lo que aporte tanto el Estado como la patronal es riqueza enajenada a los trabajadores.
¿Y AHORA QUÉ?
Es evidente que el Estado tiene herramientas suficientes para que la caja común de las pensiones no se rompa. Es evidente también que la única manera de que el Estado no desmantele las pensiones es que haya una respuesta social suficientemente potente como para mantener el sistema de pensiones. Pero desde CNT entendemos que es más importante ir a la raíz del problema para poder llegar a una solución.
En primer lugar, hay que ser conscientes, como hemos comentado, que el Sistema de Pensiones se sustenta a través del esfuerzo diario de la clase obrera. La dotación económica de la caja común parte: de las cotizaciones empresariales, cada vez más bajas y que salen directamente de la explotación de los trabajadores; de los impuestos, cada vez más injustos, que nos roba cada día el Estado; más las cotizaciones forzosas de los trabajadores a la Seguridad Social.
En segundo lugar, visto que el problema es la explotación de la clase obrera por quienes ostentan el Poder, hay que comprender que la única lucha que nos llevará a cambiar las cosas, será la que esté libre de injerencias de los políticos, que sólo buscan encaramarse al Poder. Por tanto, no debemos hacer seguidismo de las consignas de Partidos y Sindicatos Oficiales, no debemos dejarnos llevar como ovejas al matadero electoral, sino que tenemos que generar planteamientos propios, que salgan del marco de propuestas establecido, que sólo nos lleva al callejón sin salida de cambiarlo todo para que nada cambie.
En esta línea, desde la CNT siempre nos hemos opuesto a la intervención del Estado en la solución de los problemas de la clase trabajadora, porque precisamente es uno de los causantes de nuestros males. Nos oponemos también por coherencia a la intervención del Estado en los cuidados de nuestra vejez. Sin embargo mientras no recompongamos un movimiento obrero capaz de tomar el control y proporcionar una cobertura social a todas las personas, nos tocará defender lo que tenemos contra los recortes en las condiciones laborales y de vida, en este caso las pensiones.

NO HAY FUTURO SIN PRESENTE

No podemos olvidarnos de reconstruir herramientas que nos permitan tener una vejez segura, que dependan sólo de nosotros/as mismos/as, es decir, de los/as trabajadores/as libremente asociados. El pacto de apoyo mutuo y solidaridad que nos une a las personas que formamos la CNT, debe ser la base para un futuro de pensiones de control obrero. Un sistema basado en la solidaridad, el apoyo mutuo y la libre federación de comunidades libres. Mientras parte de la lucha está en tomar el control social de los sistemas públicos de protección social, apostando por su autogestión y democratización por parte de los propios trabajadores, usuarios y la colectividad en general.
Es la lucha la que nos da lo que la ley nos quita, y en última instancia es destruir por completo el sistema establecido para cambiarlo por otro que nos valga, lo que nos permitiría pasar la tercera edad con tranquilidad y buena salud.
Secretariado Permanente del Comité Confederal de CNT-AIT